Sentado a los pies de un destartalado arbolito de navidad, mirando el burbujero de la pecera, a Emanuel le costaba entender como un corpulento señor podría llegar a caber por el estrecho espacio de la chimenea de una vieja salamandra de su casa. ¿Cómo lo haría? Por otra parte le preocupaba que se ensuciara con el hollín que posiblemente conservaba desde el último invierno, por lo que, al igual que todos los años unos días antes de navidad, se predispuso a limpiarla con mucho cuidado para no lastimarse.
Emanuel tenía once años, quizá ya no era tan niño pero su espíritu por la navidad estaba intacto; su niño interno estaba muy vivo, pero pese a eso le costó adornar el árbol ese año. Cada uno de los adornos tenían mucho valor y los cuidaba por tal razón, casi que cada rama mantendrían otra vez los adornos en el mismo lugar que el año anterior, quizá con esto congelaría en el tiempo esa última mesa familiar.
Una vez ubicado el árbol y encendidas las luces, el comedor de la casa brillaba en perfecta coreografía con los muñequitos a pila que tocan villancicos, cada año estos se iban rompiendo y ya quedaban pocos de los móviles. Poco a poco las pequeñas estatuillas coloridas empezaban a ubicar un espacio estático del decorado. Cerca del pesebre, allí donde Emanuel solía colocar su cartita.
- Que te pido este año Papa Noel? No sé si ya sabrás, pero a veces te confundo; como llegas volando hay años que creo que venís del cielo pero no es así. Pero por ahí con los del cielo tenes contacto, o buena onda, porque creo que algún peaje te deben cobrar por usarlo, creo. Lo que quería decirte es que, por ahí si necesitas a alguien que te ayude para terminar a tiempo los regalos. No sé, a envolverlos o ir armando una lista de los que ya están hechos o los que faltan, o a alguien para leerte las cartas por si estas con mucho trabajo, porque capaz que no tenes a alguien que te ayude, pero no sé, yo ya aprendí a leer bien este año y hasta avance con las tablas completas, la fonoaudióloga está contenta porque aprendí a pronunciar la erre que tanto me costó y me daba vergüenza hablar con la gente porque hablaba mal. Y me dijiste que si me cortaba el pelo me ibas a traer un pianito. Pero todavía no me lo dejan cortar, ya no me gusta, nunca me gusto tenerlo y me molestan, también se confunden conmigo y me dicen que soy una linda nena y eso me molesta, espero que no te moleste que yo me confunda con vos porque creo que venís volando. No quiero que te enojes conmigo. Bueno lo que te quería decir era eso, si necesitas a alguien que te ayude porque como vos pasas por el cielo por ahí ves a mi papa y él te puede dar una mano, sabe mucho de esas cosas de arreglar televisores y una vez me enseño a usar los zumbidos del Messenger para jugar con mi primo Elías del otro lado que le pedí que me grabe un cd con canciones que me gustan de Natalia Oreiro y los Pimpinelas. Bueno papa Noel, no te quiero aburrir perdón, siempre te veo en las películas y me divierto mucho cuando jugas con los renos, hay días que yo parezco a Rodolfo cuando estoy muy resfriado. Bueno te quería decir eso solamente, no quiero regalo este año, si lo ves a mí papa de camino cuando venís en el cielo volando, mandale un beso de mi parte, que no lo pude saludar. Te dejo un dibujito espero que te guste. Ema <3
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sábado, 20 de abril de 2019
Carta de Navidad
domingo, 31 de marzo de 2019
La mujer tentáculo.
Todas las clases, la misma historia.
- BUENOS DIAS ALUMNOS!
Parados ante el
banco. Así arrancábamos la semana, con terror.
Nadie
quería a esa mujer, era mala. Convertía nuestras dos primeras horas de los
lunes en una dictadura en donde sobrevivía el más chupamedias.
La profesora tenía la manía de entrar,
saludar, e inmediatamente hablarnos de la confección de su calzado, que ella
misma diseñaba.
Esa mañana, tanto ella como yo teníamos un día
cruzado. Yo venía enojado con Ricardo; el me pasaba a buscar todas las mañanas
por casa para ir a la escuela y ese día habíamos discutido por una pequeñez en
el camino.
- ¡Miren
el calzado de hoy chicos! Les gusta? Lo hice yo!- Sentíase toda orgullosa con su creación.
- les
gusta chicos? Insistió levantando un
poco esa clase de pollera colorinche que vestía mientras hacia un movimiento de
pasarela con el tobillo.
Esa profesora me odiaba. Nunca lo supe a ciencia cierta pero le denotaba
en el ojo semi-bizco cada vez que me miraba.
Siempre había un chupamedia que alagaba sus
calzados. Por ejemplo Rodrigo.
- si
profe, están muy originales! ¡Cuánta vocación!
- no, que chupamedias! Le dije entrecortado en voz baja. Nos sentábamos
juntos, yo del lado de la puerta.
- cállate! Me dijo en silencio, torciendo la boca.
- bueno,
muchas gracias alumno me hace sentir alagada… ¡que caballero!. Cada vez se
agrandaba más.
- ¡son
horrendas!... es para quedar bien.-
Siguió en voz baja para que lo le viera la profesora quien dio el
hincapié perfecto que mi perdición:
- aunque debo decir que este modelito me queda
un poco chico, me aprieta un poco, se habrá achicado, juumm, no sé.
No obstante al retirarse hacia
su escritorio se me cruzo pensar en una maldad y largue la carcajada al aire
libre. -también, con terrible tentáculo...!
Susurré. Rodrigo largo la carcajada inmediatamente al igual que todo el curso.
- ¿como dijo alumno?, repítamelo inmediatamente! A esto
venia apuntándome con el dedo a los gritos y enojadísima desde el escritorio
mientras ponía el broche de oro al momento en el que se enredaba entre la
pollera colorinche y se le rompía la tirita de su calzado izquierdo.
Así como en nuestro salón teníamos
al chupamedias también teníamos al revoltoso y maleducado que no temió a
gritar:
- corran todos, le está creciendo otro tentáculo! Todo el curso enloqueció a carcajadas.
- ustedes dos. A dirección yaa! Nos decía amenazándonos con una sandalia en la mano
mientras se paraba del suelo luego de la enredada de pollera y posterior
revuelco.
He ahí los dos esperando turno
para ver a la directora.
Cuando volvíamos a casa después de las 12,
la muy rencorosa pasó con el auto y con toda educación paro al lado nuestro.
Nosotros nos horrorizamos, en especial yo. Bajó el vidrio. Estaba fumando. Llevaba
puesto anteojos de sol. Largó el humo afuera del coche, hacia nosotros. Tomó
sus sandalias de arriba del asiento del acompañante y las tiro por la
ventanilla deslizándole por las tiras. Fumó otra pitada y largo el humo al
momento:
- las
quiero arregladas. <Otra pitada>.
Para mañana.- Largó el humo a Rodrigo. Nos miramos, cerró la
ventanilla y se fue. Anudamos las
sandalias y si mal no recuerdo aun están colgadas del cable de alta tensión.
Después de eso en ocasiones me provocaba en
los recreos mostrándome los calzados. A lo que obligadamente respondía con el
involuntario levantamiento de mi pulgar derecho por más que mi expresión facial
no complementase con la noción.
Desde ese día he tenido información de
contactos cercanos que la mujer pulpo viene atormentando a sus alumnos con las
mismas preguntas; pero me siento honrado que después de tantos años nadie de
nadie recibió la misma respuesta.
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