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domingo, 5 de marzo de 2023

Letras de colores.

 En primera instancia me daba la sensación de estar cumpliendo con una predicción de antaño.  Me gusta llamarle “predicciones” a los breves relatos que de niño solía escribir.
Y es que esto tenía un propósito que a algunas pocas personas supe explicar; el resto me trataba de loco.  Tratabase entonces de pequeñas líneas, frases, nombres de personas, lugares.
Todo se iba dando de la misma manera, es decir, como si tuviese el don de hacer realidad con el tiempo aquellos párrafos de ficción que escribía en mis momentos de soledad, de necesidad.
                Aún conservo, en cierto lugar que solo yo conozco,  una libreta común y corriente con diferentes historias manuscritas a mano alzada y temblorosa. Se puede ver que en las páginas impares hay manchas de lágrimas que se conservan junto a las tintas verde, azul y negro.  Dependía del estado de ánimo el color de tinta que utilizaría. Inconscientemente, y me estoy dando cuenta al recorrer el anillado, usaba la tinta negra para cuentos que nunca terminaba, la tinta azul para escribir pensamientos y cosas que me aquejaban y la tinta verde para pedir deseos.
                Doy un vistazo a la libreta y no puedo creer que muchas de esas cosas realmente sucedieron con el tiempo.  
Un pasaje de páginas enverdecidas fusionadas con lágrimas del momento, me hacen sentir una frustración por no haberme podido ayudar.  Tintas de varios verdes piden a gritos a alguien. Desee en esas páginas la aparición de algún amigo que rompiera con mi soledad.  De alguien especial.  Y es muy loco como años después nació.
Paginas sucias entintadas de azul y barro me envían al pasado. A aquel terreno baldío, hoy cedido a la madre naturaleza, donde mi infancia yace aun en un rincón, donde aún se oyen los gritos y carcajadas de mis visitas diarias.  Tengo la sensación de haber dejado algo más que solo recuerdos sobre el caminito que pronto pasará a ser un recuerdo más.
Siempre escribí en ese terrenito baldío pegado a mi casa. Largas tardes de transición de inverno-primavera dieron fruto a páginas entintadas en negro, cuyas historias no tienen finales.  Relatos de amistad, de terror, de fantasía, de amor.  Hablaba acerca de los sueños que mis personajes querían cumplir:  que con el tiempo les di el gusto de cumplírselos uno a uno.
Al fin y al cabo, la libreta es una mera composición de deseos muy profundos que alguna vez tuve en mente y hoy en día mantengo en vigencia a cumplir.
Sigo recorriendo la libreta con algún que otro lagrimón.  Comienzo de pronto a recordar viejos amigos que no supe cuidar o que la vida nos deparo diferentes caminos.  Tengo pegada alguna que otra foto. Nombres de amigos, de familiares. El nombre de mi difunto padre y una frase que no alcance a decirle en vida: “no me dejes, quedate a mi lado cuando te empiece a necesitar”  y una posible respuesta con la que juego a tranquilizar mi corazón: “no temas al olvido, siempre estaré” y de seguro es esa la razón por la que hoy siento muy cálida su presencia.  Tengo varios renglones de deseos, relatos y pensamientos, todo con su respectivo color que, al leerlos de corrido forman una historia que en la sección de los negros se convierten en historias sin finales.  Tengo escritas promesas que algunas he cumplido y otras todavía no.
Una vez un amigo me recomendó una serie de animé en donde el relato es similar: una libreta que de alguna forma realiza los deseos de su poseedor. Pero dada la fecha de lanzamiento del formato televisivo no se podría tratar de plagio ni muchos menos. Lo mío es real también.  Y sucedió primero, diez años antes.
Al final de la libreta, y agradeciendo haber terminado porque ya he llorado mucho, lo más pesado de mi vida está ahí, encriptada: hay una página rota, por la mitad y no recuerdo absolutamente nada respecto a ella.  Está escrita de manera muy complicada diría, las tintas están intercaladas letra por letra, configurando entre espacios un texto cuya coherencia refiere a una historia de un joven que pide un deseo en base a un pensamiento muy profundo. Mi nombre está escrito de la siguiente forma:   La primera letra es verde, la segunda es azul, la tercera negra, en la cuarta vuelvo al verde y así el resto del texto hasta el punto que me encuentro con la página desgarrada, como arrancada con odio.  Se trata, al parecer,  de un relato de amor, algo que desee, que pensé e idee.  Luego tengo la contratapa sana y salva con el color que el tiempo le ha otorgado y el cuidado que le he sabido dar.
Hace diez años que no escribo en la libreta y me intriga saber de qué trataba la última página, a quien iba dirigido y por qué la arranque. Aunque, conociendo el poder extraño que tiene, me imagino que habré de caer en la suerte de que algún día se cumpla lo escrito en esa página, desconociendo el final pero desafiándome a escribirlo con hechos y ya no letras de colores.



Alejo Polinelli.
 “Letras de colores”
26/08/15 00:32