En primera instancia me daba la sensación de estar
cumpliendo con una predicción de antaño. Me gusta llamarle “predicciones” a los breves
relatos que de niño solía escribir.
Y es que esto tenía un propósito que a algunas pocas personas supe
explicar; el resto me trataba de loco. Tratabase entonces de pequeñas líneas, frases,
nombres de personas, lugares.
Todo se iba dando de la misma manera, es decir, como
si tuviese el don de hacer realidad con el tiempo aquellos párrafos de ficción
que escribía en mis momentos de soledad, de necesidad.
Aún conservo, en cierto
lugar que solo yo conozco, una libreta
común y corriente con diferentes historias manuscritas a mano alzada y
temblorosa. Se puede ver que en las páginas impares hay manchas de lágrimas que
se conservan junto a las tintas verde, azul y negro. Dependía del estado de ánimo el color de tinta
que utilizaría. Inconscientemente, y me estoy dando cuenta al recorrer el
anillado, usaba la tinta negra para cuentos que nunca terminaba, la tinta azul
para escribir pensamientos y cosas que me aquejaban y la tinta verde para pedir
deseos.
Doy un vistazo a
la libreta y no puedo creer que muchas de esas cosas realmente sucedieron con
el tiempo.
Un pasaje de páginas enverdecidas fusionadas con
lágrimas del momento, me hacen sentir una frustración por no haberme podido
ayudar. Tintas de varios verdes piden a
gritos a alguien. Desee en esas páginas la aparición de algún amigo que rompiera
con mi soledad. De alguien especial. Y es muy loco como años después nació.
Paginas sucias entintadas de azul y barro me envían
al pasado. A aquel terreno baldío, hoy cedido a la madre naturaleza, donde mi
infancia yace aun en un rincón, donde aún se oyen los gritos y carcajadas de
mis visitas diarias. Tengo la sensación
de haber dejado algo más que solo recuerdos sobre el caminito que pronto pasará
a ser un recuerdo más.
Siempre escribí en ese terrenito baldío pegado a mi
casa. Largas tardes de transición de inverno-primavera dieron fruto a páginas
entintadas en negro, cuyas historias no tienen finales. Relatos de amistad, de terror, de fantasía, de
amor. Hablaba acerca de los sueños que
mis personajes querían cumplir: que con
el tiempo les di el gusto de cumplírselos uno a uno.
Al fin y al cabo, la libreta es una mera composición
de deseos muy profundos que alguna vez tuve en mente y hoy en día mantengo en
vigencia a cumplir.
Sigo recorriendo la libreta con algún que otro
lagrimón. Comienzo de pronto a recordar
viejos amigos que no supe cuidar o que la vida nos deparo diferentes caminos. Tengo pegada alguna que otra foto. Nombres de
amigos, de familiares. El nombre de mi difunto padre y una frase que no alcance
a decirle en vida: “no me dejes, quedate a mi lado cuando te empiece a
necesitar” y una posible respuesta con
la que juego a tranquilizar mi corazón: “no temas al olvido, siempre estaré” y
de seguro es esa la razón por la que hoy siento muy cálida su presencia. Tengo varios renglones de deseos, relatos y
pensamientos, todo con su respectivo color que, al leerlos de corrido forman
una historia que en la sección de los negros se convierten en historias sin
finales. Tengo escritas promesas que
algunas he cumplido y otras todavía no.
Una vez un amigo me recomendó una serie de animé en
donde el relato es similar: una libreta que de alguna forma realiza los deseos
de su poseedor. Pero dada la fecha de lanzamiento del formato televisivo no se podría
tratar de plagio ni muchos menos. Lo mío es real también. Y sucedió primero, diez años antes.
Al final de la libreta, y agradeciendo haber
terminado porque ya he llorado mucho, lo más pesado de mi vida está ahí,
encriptada: hay una página rota, por la mitad y no recuerdo absolutamente nada
respecto a ella. Está escrita de manera
muy complicada diría, las tintas están intercaladas letra por letra,
configurando entre espacios un texto cuya coherencia refiere a una historia de
un joven que pide un deseo en base a un pensamiento muy profundo. Mi nombre
está escrito de la siguiente forma: La primera
letra es verde, la segunda es azul, la tercera negra, en la cuarta vuelvo al
verde y así el resto del texto hasta el punto que me encuentro con la página
desgarrada, como arrancada con odio. Se
trata, al parecer, de un relato de amor,
algo que desee, que pensé e idee. Luego
tengo la contratapa sana y salva con el color que el tiempo le ha otorgado y el
cuidado que le he sabido dar.
Hace diez años que no escribo en la libreta y me
intriga saber de qué trataba la última página, a quien iba dirigido y por qué
la arranque. Aunque, conociendo el poder extraño que tiene, me imagino que
habré de caer en la suerte de que algún día se cumpla lo escrito en esa página,
desconociendo el final pero desafiándome a escribirlo con hechos y ya no letras
de colores.
Alejo Polinelli.
“Letras de colores”
26/08/15 00:32