Regalabas tu mirada.
Sentía una puñalada
De acero cortante fino;
Cuando punzante el destino
Frente a mí te presentaba.
Con una sonrisa exclamada
Y flequillo delirante;
Cuchillo de filo cortante
Descosia mis sentidos.
Devorándome despacio
A pulsión de cada latido
Ojos de cielo claro,
Labios de terciopelo.
Arma letal, ¡anzuelo!
Asesino de guantes blancos.
Te di mí alma y mí corazón bueno,
Mordi el señuelo, sufrí el encanto.