Señorita Clarivel
Fue en agosto del 2011. Ocurrió en donde hoy sólo se
pueden ver esquirlas sobre el lavamanos, de un espejo roto que se había
crizado. Desde aquel dia jamás mi ser atinó a pisar siquiera la vereda de
aquella casa. Señorita clarivel era un monstruo, una mala persona. De señorita
no tenía nada, considerando sus canas ochentosas y la cocina llena de gatos.
La última vez que visité la casa fue por motivos
ajenos al que me hizo llegar a ella por primera vez. Una necesidad lúdica,
recreativa. Un hobbie donde canalizaba mi pasado, donde el espacio de
aprendizaje me brindaba la catarsis necesaria para el desahogo. Presencié en
ese lugar lo que una cámara de fotos me dejó ver. La anciana daba clases de
arte en su casa de verano en los troncos y mis visitas acompasadas de
pinceladas al óleo y lino fresco fueron ese último mes de cáncer su única
compania.
No tenía hijos. Como dije antes, sólo tenía gatos.
Bestias insoportables y malolientes de todos los colores. Solo me llevaba bien
con una gata que en su momento estaba preñada y al nacer las crías ayude en el
parto, creo que de agradecimiento, Lila; así se llamaba la gata, y sus crías,
me regalaban mimos cada vez que me veian a llegar. El resto eran seres
perversos como la dueña. Es interesante hablar de los gatos porque ellos me
llevaron a un viejo baúl en la pulperia de señorita clarivel.
El sol de invierno estaba fresco pero me permitia
dejar secar las últimas pinceladas de cielo, o lo que al menos le pretendía
hacer parecer. La casa estaba en medio de un parque coloreado y mucho árbol.
Piezas de alguna obra artística decoraban el lugar. Señorita clarivel me miraba
desde la ventana de la cocina, siempre con desconfianza. Yo posicionaba el
bastidor en un atril. Ella no dejaba de observar, no deduje si me estaba
espiando o si bien habia algo mas allá de mi que queria ver. Y no me refiero a
mi aura sino que quiza miraba con intencion la casa de al lado y yo le ocupaba
la visión. Ella no era mi profesora ni tampoco mentora artística, llegue a ella
por intermedio de una cliente del trabajo que habia dejado de ir al taller que
la mismísima señorita clarivel daba en la casa y aun tenia clases pagas y me
las ofrecio para no perderlas. Acepté porque hacía años que no tocaba un pincel
y necesitaba un relax, pero señorita clarivel me odiaba. Como si hubiéramos
hecho un pacto de silencio, ella no me dirigía la palabra para nada. Nomas
movía la cabeza cuando le mostraba algún avance en mi atardecer sobre tela,
pero nunca un tema de conversación. Hola y adios. Su presencia blanca y acento
sombrío no me generaba miedo sino curiosidad. Que hacia en ese lugar tan grande
y sola? Va... sin contar a los 12 gatos que estaban en el patio al solcito y
hasta quizá, unos 12 mas en la cocina. Lila estaba a mi lado, con sus gatitos.
Ya tenían 2 meses. El día que me presente en la casa a nombre de Marisol, mi
cliente, me hizo pasar tan rapido que no me pregunto mi nombre. Pensé en lo
incomodo que fue ese momento. Me señalo la puerta del baño y me pidió ayuda urgente.
-ayudame que se me mueren.
Y a paso arrastrado y rengo me llevó a una caja en el
baño donde se encontraba una gata parturienta.
- hay que romperle la bolsita rápido se están
ahogando.
Quedé asqueado, un gato recién nacido fue lo más
espantoso del dia y mi amor hacia los felinos no era tan fuerte.
-señora yo...
-se estan muriendo querido! Con tono lugubre y
lloroso a la vez.
Sin más, el instinto animal me llevó a salvarle la
vida a Michi, a Tachito y Celofán. El blanquito murió, no me moleste en ponerle
nombre. Esta claro que los nombré según las cosas que veia a mi alrededor.
-La abuela de Lila nació en esta casa hace 6 años, la
madre nació en Tandil porque Mirta se fue para allá preñada y me regalaron una
gatita... ella. Me hablaba mientras la gata sufría dolores de parto y yo sufría
por no reirme. MIRTA le va a poner a la gata. Comprendi enseguida que esa mujer
no tenia a nadie más que sus gatos, pero aún no había mostrado la hilacha.
-que hacemos con el blanquito? Le pregunté mientras
le daba ánimo por la pérdida del felino.
- dejaselo que se lo va a comer! Se levantó y se fue.
Quedé mudo, una onda binaural me perturbó el
pensamiento, un vómito subía por mi garganta.
-mejor Santa sepultura, pobre mish. Le ofrecí hacer
un pocito y enterrarlo, esa fue la primera y última vez que me sonrió.
Luego de la Santa sepultura y unas palabras al cielo
me dediqué a presentarme.
-Soy Nahuel, marisol...
-Lo se, ella te dió sus horas de taller, empezamos
cuanto antes, quiero que me pintes lo que sentis... Me acercó pinturas y
pinceles de su taller, era amplio y lleno de cosas. Había pinturas por todas
partes de una mujer y de un hombre. Parecían autorretratos. Quien sería ese
hombre? Quizá un gran amor.
Eran casi las 4 de la tarde cuando Marisol llegó al
negocio a traerme la noticia. Señorita clarivel al fin había muerto. Una enorme
sonrisa se dibujaba en el rostro de mi cliente mientras por mi parte me
reservaba la emoción.
Pensé por un momento que yo tenía una copia de la
llave de la casa, que quiza debía dárselas a Marisol, ellas solían tener
confianza antes de conocerlas y ser testigo de su juego macabro. Pero no dije
nada, aún tenía mis pinturas en la casa y no las quería perder. Tardé 2 meses
en pintar un atardecer cuyo óleo seguía fresco. Señorita clarivel se sentía muy
mal este ultimo tiempo y me había dado una copia de la puerta del atelier que
era independiente a la casa, entonces yo iba a pintar cuando quisiera. Me había
dado una suerte de beca permanente con tal de darle vida a su taller.
Señorita clarivel estaba jubilada y sufría cáncer de
garganta, haberla hecho hablar mientras paría la gata le habría hecho avanzar
la enfermedad en un importante porcentaje porque a los dos meses, simplemente
murió. No parecía mala mujer, Marisol hablaba peste de ella siempre que iba al
negocio, pero eso nunca me condicionó. Soy de los que necesita ver para creer,
pero aún así yo le seguia la corriente a mi cliente, porque el cliente siempre
tiene la razón. Entonces, tanto para Marisol como para mi, la vieja era un
monstruo despiadado.
Yo le estaba a punto de sorprender, intentar sacar
una sonrisa, al menos para que sus últimos recuerdos le fueran feliz. Le estaba
pintando un gatito blanco sobre un atardecer, pero se murió y nunca lo vio.
Cuando llegue a la casa, me costaba entrar. Era una
cuestion moral, me sentía invasor del espacio de una mujer muerta. Que pasaria
si me veían? Que hacia yo ahí? Ya no había dueño del lugar ni tampoco
herederos. Quien se haría cargo del inmueble ahora? Yo solo fui a buscar mi
cuadro. Lila me recibio con un ronroneo triste, a su lado uno de sus bebes.
Como sentirían? Como saber como siente un gato al morir su dueña? Entré por el
patio y la casa era un velatorio, cerca de 30 gatos agrupados mirando la
puerta. O esperaban comida.
El cuadro estaba justo donde lo había dejado, quien
más entraría ahí?
Lila estaba pesada, ronroneaba demasiado, con ella el
atelier parecía un aserradero.
Cuando salgo del Atelier con mi bastidor y la llave
en mano, decidí dejar la llave en la entrada de la casa. Alguien debía existir
para hacerse cargo de todo eso. Quizá algún familiar lejano. No era de mi
interés llevarme cosas que no me correspondian, aun quedaba una clase más paga
que no alcance a cubrir, pero mi cuadro estaba terminado en 7 clases. Así que
me acerque a dejar la llave bajo la puerta.
Hacia días que no veía a Michi y Celofán, Lila los
dejaba en su caja porque eran los más chiquitos y requerían calor, en cambio
Tachito ya daba sus primeros pasos tras su madre.
-Señorita clarivel, que lindo que está Tachito!...
pero nada, séria como perro en bote. Inmutada. El cáncer la estaba matando.
Recién en la quinta clase empezaron a abrir los ojitos los mishos pero hasta no
saber que color de ojos tenían no me imaginaba como pintarselos a Catím, asi
habia nombrado al gato del cuadro.
Cuando me acerque a dejar la llave debajo de la
puerta un gato salió de la puertita para mascotas y me dio un susto. De momento
parecía haber gente en la casa, la puerta estaba entonada. No tuve miedo, no
hice ruido,no me salió balbucear, simplemente entré. No había nadie. No era
difícil entender que había dejado la puerta abierta por mi. Sino por quien más?
Si nadie la visitaba. Si nadie la quería. Era una vieja hija de puta y bien
muerta esta.
La casa por supuesto llena de gatos, un olor infernal
a mierda y lleno de cagadas por todos lados. El frío adentro era inaguantable y
por unos segundos me rodearon más de 20 gatos de todo tamaño y color,
maullando, mordiendome y arañandome las zapatillas. Fui atacado, por gatos, con
hambre y sed. No podía hacer menos que buscar comida en algún lado, agua
sacaría del baño en todo caso. Total tachos de agua había por doquier.
Los gatos miraban hacia arriba, a un altillo. Todavía
no entiendo quien carajo me mando a subir. Y arriba no habia nada que le
sirviera de comida a los gatos. Sólo había un cofre y un balcón que miraba al
comedor.
Un gato, porque no había nada mas vivo ahí dentro que
los gatos, empezó a rasguniar la tapa del cofre y como no podia ser menos me
acerque a abrirlo. Otro par de gatos miraban el bastidor que había dejado a un
lado de la entrada, no mostraban interés alguno de crítica constructiva, ni si
ni no, tiesos frente a la representación angelical felina de Catím.
Adentro del cofre encontré una cámara de esas
instantáneas y me puse a jugar, que otra cosa podía hacer? Ya eran casi las 6
de la tarde y estaba por oscurecer. Sólo pensaba en irme rápido de la casa de
la muerta. Le saque fotos a los gatos, al parecer tenía rollo o ese papel que
ya sale la foto hecha. Vi como se revelaba la imagen latente de a poco y admire
la calidad del producto.
Me faltaba darle agua a los gatos, nomas agarre unos
tachos y les di agua en abundancia, debajo del lavamanos encontré bolsas de
alimentos lo que procedi a desparramarle por la casa, sin querer golpee el
espejo en el apuro de irme rápido y lo rompí.
Aún tenía la cámara conmigo, me la iba a llevar.
Quien me diría algo? Yo no era ladrón simplemente quería un recuerdo de mi
querida profesora de arte que tanto quería, aunque era una insulsa asquerosa.
Cuando estaba llenando los tarros de agua me llamó la
atención un detalle en el espejo rotoy le saque una foto. Producto del flash
que iluminó todo el espacio juré ver a la vieja junto a los gatos dentro de la
casa. Pero deje al descubierto sus hazañas en la cocina. Una olla llena de fetos
y tarros con sangre, obvio, de gato. En otra olla estaba Celofán y Michi,
cocinados, en pedazos, listo para servir.
Los gatos se asustaron y empezaron a correr en todas
direcciones cuando se escucho un ruido desde el altillo, una risa que venía
bajando.
Yo me fui tranquilo y cerré con llave, después
decidiría si me quedaba con la casa o no. Deje la cámara arriba de la cocina,
total volveria por ella otro dia. Señorita Clarivel no había muerto, yo me
había preocupado por nuestro pacto. Quien seguiría adelante el clan? Así que al
escucharla me relajé y ya no tenía nada que hacer. Años más tarde murió de
Alzheimer y finalizamos con su muerte un ritual de muchos años, que ella se
llevó a la muerte un 50% del trato. El otro 50 me corresponde. Nomas me fui,
solo me lleve la foto, que poco a poco fue revelando la imagen de la vieja con
los gatos.