El Ultimo Instante.
Solo cerró la puerta. Eso fue todo. No hizo más que mirarla a los ojos y decirle adiós. Se fue, habiéndose apenas despedido con un guiñe picaron. Se marcho con el bolso a medio preparar, le faltaba mucho todavía, tantas cosas por vivir. Pero el destino le jugo de esta forma; no dejándole mover las fichas del tablero de la vida.
-¡Nos vemos arriba,…en la habitación! Le dijo Él. Fue la última vez que tuvieron una conversación. Él, sentado en la silla de ruedas justo en el momento que lo subían por ascensor a terapia intensiva, mientras que el picarón hacía de las suyas al señalarle de forma erótica el tubo de oxígeno que cargaba entre las piernas. Ella, desgarrada por el hecho, logro regalarle una sonrisa burlesca a través del vidrio de la puerta del elevador, mientras este subía, muy en cámara lenta. Ese fue el último instante, en la sala de espera, en donde seguramente los recuerdos brotaban en medio de la desesperación y el llanto contenido dentro de un abismo indescifrable. Minutos de espera, segundos que no pasaban más, con el presentimiento de que quizá ese sería el día en el que se despediría para siempre de Él.
El pasillo de la Clínica Pueyrredón se enfrió por un instante y un rotundo silencio paralizó el lugar. El sonido de los pasos al caminar del médico generó de inmediato la temible sospecha a la noticia esperada hacía ya unos meses. Llamándole por su apellido y parándosele enfrente, con un tono tembloroso y entristecido solo susurró. -¡Se nos fue Huguito…! Sus días de agonía han llegado a su fin.
Un torrente silencioso de lagrimas recorrieron lentamente la mejilla de mi vieja, mi papá había fallecido. ¡Qué angustia! ¡Qué ganas de gritar por los pasillos de la clínica!
-¿Lo puedo ver? Pregunto al doctor.
- Si, la acompaño. Le respondió.
Pasaron apenas unos minutos y, como habían acordado en la puerta del ascensor, se vieron arriba. Despidiéndose por última vez.
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