La mujer tentáculo.
Todas las clases, la misma historia.
- BUENOS DIAS ALUMNOS!
Parados ante el banco. Así arrancábamos la semana, con terror.
Nadie quería a esa mujer, era
mala. Convertía nuestras dos primeras horas de los lunes en una dictadura en
donde sobrevivía el más chupamedias.
La profesora tenía la manía de
entrar, saludar, e inmediatamente hablarnos de la confección de su calzado, que
ella misma diseñaba.
Esa mañana, tanto ella como yo
teníamos un día cruzado. Yo venía enojado con Ricardo; el me pasaba a buscar
todas las mañanas por casa para ir a la escuela y ese día habíamos discutido
por una pequeñez en el camino.
- ¡Miren el calzado de hoy
chicos! Les gusta? Lo hice yo!-
Sentíase toda orgullosa con su creación.
- les gusta chicos? Insistió levantando un poco esa clase de
pollera colorinche que vestía mientras hacia un movimiento de pasarela con el
tobillo.
Esa profesora me odiaba. Nunca
lo supe a ciencia cierta pero le denotaba en el ojo semi-bizco cada vez que me
miraba.
Siempre había un chupamedia que
alagaba sus calzados. Por ejemplo Rodrigo.
- si profe, están muy
originales! ¡Cuánta vocación!
- no, que chupamedias! Le dije entrecortado en voz baja. Nos
sentábamos juntos, yo del lado de la puerta.
- cállate! Me dijo en silencio, torciendo la boca.
- bueno, muchas gracias alumno
me hace sentir alagada… ¡que caballero!. Cada vez se agrandaba más.
- ¡son horrendas!... es para
quedar bien.- Siguió en voz baja para
que lo le viera la profesora quien dio el hincapié perfecto que mi perdición:
- aunque debo decir que este
modelito me queda un poco chico, me aprieta un poco, se habrá achicado, juumm,
no sé.
No obstante al retirarse
hacia su escritorio se me cruzo pensar en una maldad y largue la carcajada al
aire libre. -también, con terrible tentáculo...! Susurré. Rodrigo largo la
carcajada inmediatamente al igual que todo el curso.
- ¿como dijo alumno?, repítamelo inmediatamente! A esto venia apuntándome con el dedo a los
gritos y enojadísima desde el escritorio mientras ponía el broche de oro al
momento en el que se enredaba entre la pollera colorinche y se le rompía la
tirita de su calzado izquierdo.
Así como en nuestro salón
teníamos al chupamedias también teníamos al revoltoso y maleducado que no temió
a gritar:
- corran todos, le está creciendo otro tentáculo! Todo el curso
enloqueció a carcajadas.
- ustedes dos. A dirección yaa! Nos decía amenazándonos con una
sandalia en la mano mientras se paraba del suelo luego de la enredada de
pollera y posterior revuelco.
He ahí los dos esperando
turno para ver a la directora.
Cuando volvíamos a casa
después de las 12, la muy rencorosa pasó con el auto y con toda educación paro
al lado nuestro. Nosotros nos horrorizamos, en especial yo. Bajó el vidrio.
Estaba fumando. Llevaba puesto anteojos de sol. Largó el humo afuera del coche,
hacia nosotros. Tomó sus sandalias de arriba del asiento del acompañante y las
tiro por la ventanilla deslizándole por las tiras. Fumó otra pitada y largo el
humo al momento: - las quiero arregladas. <Otra pitada>. Para mañana.-
Largó el humo a Rodrigo. Nos miramos, cerró la ventanilla y se fue. Anudamos las sandalias y si mal no recuerdo
aun están colgadas del cable de alta tensión.
Después de eso en ocasiones me
provocaba en los recreos mostrándome los calzados. A lo que obligadamente
respondía con el involuntario levantamiento de mi pulgar derecho por más que mi
expresión facial no complementase con la noción.
Desde ese día he tenido
información de contactos cercanos que la mujer pulpo viene atormentando a sus
alumnos con las mismas preguntas; pero me siento honrado que después de tantos
años nadie de nadie recibió la misma respuesta.
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