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jueves, 5 de junio de 2025

Solo por hoy

 

Solo por hoy

 

Perdonáme mundo que hoy no pueda, quizá mañana sea distinto.

No me grites, no es que no quiera.

Justo ahora deseo dormir.

Porque antes de latir, el corazón me explota en llanto. He perdido la risa del alma y la fuerza en el canto.

He silenciado lo que siento, lo que vibro y lo que amo. He postergado mí presente, mí futuro y mí pasado.

Ya no tengo ilusiones. No pretendo fantasear.

Perdí las ganas de desear porque hoy solo quiero dormir.

Hoy solo quiero dormir para poder volver a soñar.

Si yo muriese hoy

 

Si yo muriese hoy

 

Si yo muriese hoy, ¡Que ni se les ocurra llorar mí muerte!

Que no habrá nunca deseo mío que se acercase a tanta ridiculez.

Si yo muriese hoy, ¡Que mis pertenencias se hagan cenizas junto a mí!

Que habrá recompensa en el olvido material y seré al fin un espíritu libre.

Si mi partida fuese prematura, no medien palabras en mí funeral. De hecho, que no exista un funeral. Que el fuego me lleve a lo cuántico, me reduzca en particulas mínimas y un bosque sea el lugar óptimo para esparcirme.

Si me voy antes de hallar el amor,

Si me voy antes de encontrar la compañía,

Si mi título aún no está en mí pared,

Si mis concreciones no fueron más que sueños,

Si mis amigos no pudieron darse la mano aún,

Si mí familia piensa que fracasó.

Yo ya no estaré, por ende déjenme ir.

Hasta aquí, me voy con lo justo para estos tiempos.

No me retengan en una foto, no me descubran en mis escritos. Valga la redundancia de mís hobbie que nunca llegarían a profesión.

 

Te fuiste

 

Te fuiste cuando al alba yo gritaba mis tormentos. Marchaste hace ya tiempo pero tus vestigios quedaron hasta anteayer.

Te sentí por tantos años que hoy no me impiden los recuerdos recordar tu aroma, sentir tu abrazo, escucharte en mi voz, ser canción.

17 años.

 

 

17 años.

Me atrevo a descansar en tu presencia que no está. En el vértice del encuentro eterno donde a mí llamada siempre acudes. En ese punto donde la soledad aprende de la incertidumbre te honro hoy y siempre a 17 años de tu partida.

Que sin tenerte aprendí a ser padre sin serlo naturalmente.

Que sin tu guía elegí el camino por mí cuenta al andar.

Que descubri al destino y en cada paso toqué vestigios de una historia que no llegaste a contar pero me dejaste para interpretar y continuar.

Que continúo, pero fiel a mis instintos y es allí donde te encuentro siempre, en nuestro rincón cuántico y metafísico.

Poema.

 

Poema.

 

Deseo con el alma en lo profundo,

que vivas con el daño que me haz hecho,

amándolo con el corazon desecho

y el dolor de mi partida.

Que no haya lugar en el mundo

en donde te sientas querida.

Porque él se lleva mis besos,

Y la flor de tus labios; se lleva mi vida.

LADO A:

 

LADO A:

Morí tantas veces que conozco el proceso de memoria. el onírico del muerto se remite a la incertidumbre de un corazón roto y a labios secos por la sed, a la nota mas alta de un ave maria y a las vueltas de un aguerrido y ya discontinuado cassette.


 

Ranchera.

 

Ranchera.

Se ha callado mi canto por tener lejos tu piel,

mi alma extraña tu encanto, mi cuerpo muere de sed.

ay mi penar no se quita, si tu no vuelves a mi.

si ya no tengo tus besos, mis labios prefieren morir.

 

Nomas me queda el recuerdo de cuando me hiciste feliz,

hoy, al llorar tu ausencia, otra vez comienzo a sufrir.

ay mi amada maldita, ¿porque me dejas asi?

quiero volver al pasado y otra vez verte reir.


Se ha callado mi canto por tener lejos tu piel,

mi alma extraña tu encanto, mi cuerpo muere de sed.

ay mi penar no se quita, si tu no vuelves a mi.

si ya no tengo tus besos, mis labios prefieren morir.

No me demores

 

No me demores

No me demores en tierra, ¡Cielo!

Que su ausencia me desangra.

Elevarme junto a ella quiero,

Para reencarnar nuestras almas.

 

No me demores en el abismo, ¡Tierra!

Déjame caer; que me empujes yo te pido,

Antes de que llegue su olvido y,

El corazón se me vuelva piedra.

 

Apurate, que me ahogo en llanto.

Me cruza un rio de lágrimas por las venas.

No me basta con recordar su canto,

Porque me estoy muriendo de pena.

 

Arráncame el dolor en una suave brisa,

pierdeme del mundo, llévame hasta ella

Quiero ver otra vez su sonrisa,

Quiero verla brillar igual que una estrella.

La sep7ima pesadilla.

 La sep7ima pesadilla.

 

Esta puede ser la séptima noche que pesadille con lo mismo. Al recostarme sobre la fría almohada temo por mí. Me… asedia el miedo de cerrar los ojos y no volver a despertar.Sube desde el suelo, por las extremidades de la cama, una espantosa sensación de frio que recubre las frazadas. Es inútil evitarlo. No logro ocultar el terror que me produce, se me huele a la distancia. Atenúo la luz y temo morir en una de esas pesadillas sin fin. No tengo alternativa. Todas las noches la misma historia. El mismo sueño:“Camino con las manos en los bolsillos por un sendero oscuro donde solo brilla una lámpara al final del callejón en pleno otoño. Allí parece esperarme, bajo el farol un, encapuchado cuyo sexo no he distinguido aun habiéndolo soñado por seis noches seguidas… Yo paso al lado suyo. Me paro, él encapuchado levanta la cabeza. Nuestras espaldas se miran. Por mi mejilla cae una lágrima. Me doy media vuelta y el encapuchado ya no está. Vuelvo a girar y, algo me sorprende...”. Allí despierto, sin haber resuelto el acertijo. Miro el despertador y, son siempre las tres y un minuto de la madrugada.El lunes empezó este fenómeno. Luego de cenar unas albóndigas me quedé dormido en el sillón del living mirando una película. Fue cuando Se desarrolla por primera vez el sueño que es interrumpido por el timbre. Me levante a ver quién era. Mi madre, se había olvidado las llaves en la clínica y no tenia como entrar. Esa noche le había tocado hacer guardia en la sección de Psiquiatría Infantil. Trabajaba con niños cuyos padres les habían maltratado. Ella se ocupaba de las tareas de mantenimiento del lugar pero, sabía comprender las necesidades de los niños más que cualquiera de los licenciados que trabajaban en el lugar. - ¡Hijo…! Me olvidé las llaves…- Ya te abro…Para entrar a mi casa había que sacar varias trabas de la puerta. - Atrincherado otra vez? Qué raro…!- Bueno, una cárcel de máxima seguridad no nos llega ni a los talones!Dependiente de los sucesos de inseguridad que ocurrían a diario, me sentía más seguro detrás de las dos trancas de hierro de 1 centímetro, una trabita y dos vueltas de llave.- Pero quien va a entrar? Ni los fantasmas pasan esos barrotes! Anda a dormir, buenas noches…!Desde martes en adelante fue diferente porque mi madre ya no hacia más las guardias nocturnas por un tiempo. Entonces cenábamos más temprano y me iba a dormir antes de que mi despertador marcaran las veintidós treinta. Entonces vuelvo a soñar por segunda vez lo mismo. Por segunda noche. Exactamente lo mismo. Los mismos detalles. El mismo farol y en él, apoyado, me esperaba dicho sujeto, por lo menos yo creía eso hasta que me desperté exaltado. A la misma hora, pero en diferente lugar. Esta vez estaba en mi cama, sintiendo otra vez volver mi alma al cuerpo.El miércoles. Por tercera vez el sueño. Esta vez ya lo esperaba. Lo presentía, lo necesitaba. Ansiaba saber de qué manera iba a terminar. O por lo menos que no se interrumpiese de nuevo. Me costó dormirme, la intriga me carcomía. Pero el cansancio me ganó y volví a tomar conciencia de la realidad luego de las tres y un minuto de la madrugada cuando me desperté más que sobresaltado y con cierto malhumor. Habíase repetido el sueño tal como le esperaba pero esta vez en sepia. Para no desesperar a la madrugada siguiente, a la noche del miércoles le tome prestadas unas horas antes de ir a dormir para buscar un anotador y colocarlo en la mesa de luz cosa de estar preparado para apuntar rápidamente todo aquello que recordase luego de despertar. Fue así como pasadas las tres y un minuto del jueves, recuerdo que fue un día de octubre, 19 de hecho porque faltaba una semana para mi cumpleaños… Retomando decía: fue así como logré escribir algunas líneas de lo que iba recordando… pero no logré muchas, las ideas me confundían e iba anotando cosas que no me coincidían con el sueño.La noche del viernes también me había despertado bastante confundido pero pude redactar dos o tres líneas. Esta vez las líneas coincidían bastante y pude redactar un poco más la idea o al menos darme una premisa inmediata de lo que no debía olvidar: lo que había soñado. Aunque, por más líneas que podrían coincidirme, volví a despertarme un tanto furioso al conocer la versión monocromática del sueño. ¿Cómo podía mi cabeza darle un nuevo sentido al sueño cambiándole de color? Y ¿Por qué no se dejaba de dar tantas vueltas y me daba al fin una respuesta o me completaba el sueño? ¿Acaso mi muerte era inminente luego de lo que me sorprendía al darme vuelta? ¿Qué era “eso” que me sorprendía? ¿Sería lo mismo que yacía recostado de hombros sobre el farol que iluminaba mi espalda? No lo sé. Pero me daba mucha bronca que mi subconsciente tuviera el poder absoluto de aquello que yo quería saber de qué se trataba. Me sentía y de hecho me da mucha bronca no poder resolver este acertijo.A la mañana siguiente. Hoy, sábado veintiuno por la mañana recurrí a un psicólogo para que me pudiese dar alguna explicación de lo que me sucedía luego de una sexta reproducción sistemática y en perfecta cronología durante la madrugada de ese mismo sábado espantoso dado el cambio cromático repentino en donde esta vez no se distinguían los colores que cambiaban durante esos aproximados treinta y cinco segundos de sueño que quizá fuera de esa subnormalidad pudieron haber sido más o menos segundos. O quizá pudieron haber durado horas. Pero a modo de seguir las únicas recomendaciones del médico quien no supo darme muchas respuestas, más bien me saco más plata de la que pude haber ganado en toda una jornada laboral, me acuesto a dormir recién a las dos y cuarenta y cinco de la madrugada para tener un margen de conocimiento de que mi sueño podría llegar a durar de cero hasta quince minutos. Espero, luego de las recomendaciones del doctor, que esta séptima vez no cambie de color. No me dará miedo morirme, me dará asco si me despierto dentro de quince minutos y tenga conocimiento de que mi sueño cambie otra vez de color. Ya que no puedo dominar mi subconsciente por lo menos que me haga el favor de mostrarlo lo más real posible porque entonces se convertiría en una pesadilla.


 

El Ultimo Instante.

 El Ultimo Instante.

Solo cerró la puerta. Eso fue todo. No hizo más que mirarla a los ojos y decirle adiós. Se fue, habiéndose apenas despedido con un guiñe picaron.  Se marcho con el bolso a medio preparar, le faltaba mucho todavía, tantas cosas por vivir. Pero el destino le jugo de esta forma; no dejándole mover las fichas del tablero de la vida.

     -¡Nos vemos arriba,…en la habitación!  Le dijo Él.  Fue la última vez que tuvieron una conversación. Él, sentado en la silla de ruedas justo en el momento que lo subían por ascensor a terapia intensiva, mientras que el picarón hacía de las suyas al señalarle de forma erótica el tubo de oxígeno que cargaba entre las piernas. Ella, desgarrada por el hecho, logro regalarle una sonrisa burlesca a través del vidrio de la puerta del elevador, mientras este subía, muy en cámara lenta.  Ese fue el último instante, en la sala de espera,  en donde seguramente los recuerdos brotaban en medio de la desesperación y el llanto contenido dentro de un abismo indescifrable. Minutos de espera, segundos que no pasaban más, con el presentimiento de que quizá ese sería el día en el que se despediría para siempre de Él.

    El pasillo de la Clínica Pueyrredón se enfrió por un instante y un rotundo silencio paralizó el lugar. El sonido de los pasos al caminar del médico generó de inmediato la temible sospecha a la noticia esperada hacía ya unos meses. Llamándole por su apellido y parándosele enfrente, con un tono tembloroso y entristecido solo susurró.   -¡Se nos fue Huguito…! Sus días de agonía han llegado a su fin. 

    Un torrente silencioso de lagrimas recorrieron lentamente la mejilla de mi vieja, mi papá había fallecido.   ¡Qué angustia! ¡Qué ganas de gritar por los pasillos de la clínica!     

   -¿Lo puedo ver?  Pregunto al doctor.

   - Si, la acompaño. Le  respondió.


     Pasaron apenas unos minutos y, como habían acordado en la puerta del ascensor, se vieron arriba.  Despidiéndose por última vez.


Experiencia N1

 

Experiencia N1

 

 Desperté de madrugada cuando sobre mi posábase desnuda figura sombría deleitando mis miedos inmóviles. Una mala suerte de espeluznancia que se llevaba lentamente mi alma sin consentimiento. No pude siquiera negarme a la entrega, las sombras me invitaban a caminar sobre mi propio cuerpo y, desprendiéndome temeroso de él, creí morir.

- A donde vamos?. Pregunte a hermosa experiencia.

- A donde no existe concepto!. Ella supo gestualizar.

- Sufrirán aquí mi ausencia? El viaje ser...á perpetuo?

- Allá no hay momento; tu muerte no se puede remediar.

    Y así me fui, camino, de incertidumbre entre tantas otras, sin preguntar mas nada.

- Veré allí a mi padre? Esto es ir al cielo?

- No verás a tu padre, ni tampoco, allí, a tu abuelo!

- Pues no entiendo a que se debe! Porque me llevas sin sentido?

- No todo en la vida puedes, te llevaré en tu ultimo latido!

    Abriendo una inmensa puerta fui empujado hasta mi cuerpo inerte, despojado hasta de la muerte para seguir aqui viviendo. Tan solo estaba ocurriendo, de momento, un reflexivo episodio, para olvidarme de rencores, dejar el odio y viejos temores, que no me dejaban vivir.

Señorita Clarivel

 

 

Señorita Clarivel

 

Fue en agosto del 2011. Ocurrió en donde hoy sólo se pueden ver esquirlas sobre el lavamanos, de un espejo roto que se había crizado. Desde aquel dia jamás mi ser atinó a pisar siquiera la vereda de aquella casa. Señorita clarivel era un monstruo, una mala persona. De señorita no tenía nada, considerando sus canas ochentosas y la cocina llena de gatos.

La última vez que visité la casa fue por motivos ajenos al que me hizo llegar a ella por primera vez. Una necesidad lúdica, recreativa. Un hobbie donde canalizaba mi pasado, donde el espacio de aprendizaje me brindaba la catarsis necesaria para el desahogo. Presencié en ese lugar lo que una cámara de fotos me dejó ver. La anciana daba clases de arte en su casa de verano en los troncos y mis visitas acompasadas de pinceladas al óleo y lino fresco fueron ese último mes de cáncer su única compania.

No tenía hijos. Como dije antes, sólo tenía gatos. Bestias insoportables y malolientes de todos los colores. Solo me llevaba bien con una gata que en su momento estaba preñada y al nacer las crías ayude en el parto, creo que de agradecimiento, Lila; así se llamaba la gata, y sus crías, me regalaban mimos cada vez que me veian a llegar. El resto eran seres perversos como la dueña. Es interesante hablar de los gatos porque ellos me llevaron a un viejo baúl en la pulperia de señorita clarivel.

 

El sol de invierno estaba fresco pero me permitia dejar secar las últimas pinceladas de cielo, o lo que al menos le pretendía hacer parecer. La casa estaba en medio de un parque coloreado y mucho árbol. Piezas de alguna obra artística decoraban el lugar. Señorita clarivel me miraba desde la ventana de la cocina, siempre con desconfianza. Yo posicionaba el bastidor en un atril. Ella no dejaba de observar, no deduje si me estaba espiando o si bien habia algo mas allá de mi que queria ver. Y no me refiero a mi aura sino que quiza miraba con intencion la casa de al lado y yo le ocupaba la visión. Ella no era mi profesora ni tampoco mentora artística, llegue a ella por intermedio de una cliente del trabajo que habia dejado de ir al taller que la mismísima señorita clarivel daba en la casa y aun tenia clases pagas y me las ofrecio para no perderlas. Acepté porque hacía años que no tocaba un pincel y necesitaba un relax, pero señorita clarivel me odiaba. Como si hubiéramos hecho un pacto de silencio, ella no me dirigía la palabra para nada. Nomas movía la cabeza cuando le mostraba algún avance en mi atardecer sobre tela, pero nunca un tema de conversación. Hola y adios. Su presencia blanca y acento sombrío no me generaba miedo sino curiosidad. Que hacia en ese lugar tan grande y sola? Va... sin contar a los 12 gatos que estaban en el patio al solcito y hasta quizá, unos 12 mas en la cocina. Lila estaba a mi lado, con sus gatitos. Ya tenían 2 meses. El día que me presente en la casa a nombre de Marisol, mi cliente, me hizo pasar tan rapido que no me pregunto mi nombre. Pensé en lo incomodo que fue ese momento. Me señalo la puerta del baño y me pidió ayuda urgente.

-ayudame que se me mueren.

Y a paso arrastrado y rengo me llevó a una caja en el baño donde se encontraba una gata parturienta.

- hay que romperle la bolsita rápido se están ahogando.

Quedé asqueado, un gato recién nacido fue lo más espantoso del dia y mi amor hacia los felinos no era tan fuerte.

-señora yo...

-se estan muriendo querido! Con tono lugubre y lloroso a la vez.

Sin más, el instinto animal me llevó a salvarle la vida a Michi, a Tachito y Celofán. El blanquito murió, no me moleste en ponerle nombre. Esta claro que los nombré según las cosas que veia a mi alrededor.

-La abuela de Lila nació en esta casa hace 6 años, la madre nació en Tandil porque Mirta se fue para allá preñada y me regalaron una gatita... ella. Me hablaba mientras la gata sufría dolores de parto y yo sufría por no reirme. MIRTA le va a poner a la gata. Comprendi enseguida que esa mujer no tenia a nadie más que sus gatos, pero aún no había mostrado la hilacha.

-que hacemos con el blanquito? Le pregunté mientras le daba ánimo por la pérdida del felino.

- dejaselo que se lo va a comer! Se levantó y se fue.

Quedé mudo, una onda binaural me perturbó el pensamiento, un vómito subía por mi garganta.

-mejor Santa sepultura, pobre mish. Le ofrecí hacer un pocito y enterrarlo, esa fue la primera y última vez que me sonrió.

Luego de la Santa sepultura y unas palabras al cielo me dediqué a presentarme.

-Soy Nahuel, marisol...

-Lo se, ella te dió sus horas de taller, empezamos cuanto antes, quiero que me pintes lo que sentis... Me acercó pinturas y pinceles de su taller, era amplio y lleno de cosas. Había pinturas por todas partes de una mujer y de un hombre. Parecían autorretratos. Quien sería ese hombre? Quizá un gran amor.

 

Eran casi las 4 de la tarde cuando Marisol llegó al negocio a traerme la noticia. Señorita clarivel al fin había muerto. Una enorme sonrisa se dibujaba en el rostro de mi cliente mientras por mi parte me reservaba la emoción.

Pensé por un momento que yo tenía una copia de la llave de la casa, que quiza debía dárselas a Marisol, ellas solían tener confianza antes de conocerlas y ser testigo de su juego macabro. Pero no dije nada, aún tenía mis pinturas en la casa y no las quería perder. Tardé 2 meses en pintar un atardecer cuyo óleo seguía fresco. Señorita clarivel se sentía muy mal este ultimo tiempo y me había dado una copia de la puerta del atelier que era independiente a la casa, entonces yo iba a pintar cuando quisiera. Me había dado una suerte de beca permanente con tal de darle vida a su taller.

 

Señorita clarivel estaba jubilada y sufría cáncer de garganta, haberla hecho hablar mientras paría la gata le habría hecho avanzar la enfermedad en un importante porcentaje porque a los dos meses, simplemente murió. No parecía mala mujer, Marisol hablaba peste de ella siempre que iba al negocio, pero eso nunca me condicionó. Soy de los que necesita ver para creer, pero aún así yo le seguia la corriente a mi cliente, porque el cliente siempre tiene la razón. Entonces, tanto para Marisol como para mi, la vieja era un monstruo despiadado.

Yo le estaba a punto de sorprender, intentar sacar una sonrisa, al menos para que sus últimos recuerdos le fueran feliz. Le estaba pintando un gatito blanco sobre un atardecer, pero se murió y nunca lo vio.

 

Cuando llegue a la casa, me costaba entrar. Era una cuestion moral, me sentía invasor del espacio de una mujer muerta. Que pasaria si me veían? Que hacia yo ahí? Ya no había dueño del lugar ni tampoco herederos. Quien se haría cargo del inmueble ahora? Yo solo fui a buscar mi cuadro. Lila me recibio con un ronroneo triste, a su lado uno de sus bebes. Como sentirían? Como saber como siente un gato al morir su dueña? Entré por el patio y la casa era un velatorio, cerca de 30 gatos agrupados mirando la puerta. O esperaban comida.

El cuadro estaba justo donde lo había dejado, quien más entraría ahí?

Lila estaba pesada, ronroneaba demasiado, con ella el atelier parecía un aserradero.

Cuando salgo del Atelier con mi bastidor y la llave en mano, decidí dejar la llave en la entrada de la casa. Alguien debía existir para hacerse cargo de todo eso. Quizá algún familiar lejano. No era de mi interés llevarme cosas que no me correspondian, aun quedaba una clase más paga que no alcance a cubrir, pero mi cuadro estaba terminado en 7 clases. Así que me acerque a dejar la llave bajo la puerta.

 

Hacia días que no veía a Michi y Celofán, Lila los dejaba en su caja porque eran los más chiquitos y requerían calor, en cambio Tachito ya daba sus primeros pasos tras su madre.

-Señorita clarivel, que lindo que está Tachito!... pero nada, séria como perro en bote. Inmutada. El cáncer la estaba matando. Recién en la quinta clase empezaron a abrir los ojitos los mishos pero hasta no saber que color de ojos tenían no me imaginaba como pintarselos a Catím, asi habia nombrado al gato del cuadro.

 

 

Cuando me acerque a dejar la llave debajo de la puerta un gato salió de la puertita para mascotas y me dio un susto. De momento parecía haber gente en la casa, la puerta estaba entonada. No tuve miedo, no hice ruido,no me salió balbucear, simplemente entré. No había nadie. No era difícil entender que había dejado la puerta abierta por mi. Sino por quien más? Si nadie la visitaba. Si nadie la quería. Era una vieja hija de puta y bien muerta esta.

La casa por supuesto llena de gatos, un olor infernal a mierda y lleno de cagadas por todos lados. El frío adentro era inaguantable y por unos segundos me rodearon más de 20 gatos de todo tamaño y color, maullando, mordiendome y arañandome las zapatillas. Fui atacado, por gatos, con hambre y sed. No podía hacer menos que buscar comida en algún lado, agua sacaría del baño en todo caso. Total tachos de agua había por doquier.

Los gatos miraban hacia arriba, a un altillo. Todavía no entiendo quien carajo me mando a subir. Y arriba no habia nada que le sirviera de comida a los gatos. Sólo había un cofre y un balcón que miraba al comedor.

Un gato, porque no había nada mas vivo ahí dentro que los gatos, empezó a rasguniar la tapa del cofre y como no podia ser menos me acerque a abrirlo. Otro par de gatos miraban el bastidor que había dejado a un lado de la entrada, no mostraban interés alguno de crítica constructiva, ni si ni no, tiesos frente a la representación angelical felina de Catím.

Adentro del cofre encontré una cámara de esas instantáneas y me puse a jugar, que otra cosa podía hacer? Ya eran casi las 6 de la tarde y estaba por oscurecer. Sólo pensaba en irme rápido de la casa de la muerta. Le saque fotos a los gatos, al parecer tenía rollo o ese papel que ya sale la foto hecha. Vi como se revelaba la imagen latente de a poco y admire la calidad del producto.

Me faltaba darle agua a los gatos, nomas agarre unos tachos y les di agua en abundancia, debajo del lavamanos encontré bolsas de alimentos lo que procedi a desparramarle por la casa, sin querer golpee el espejo en el apuro de irme rápido y lo rompí.

Aún tenía la cámara conmigo, me la iba a llevar. Quien me diría algo? Yo no era ladrón simplemente quería un recuerdo de mi querida profesora de arte que tanto quería, aunque era una insulsa asquerosa.

Cuando estaba llenando los tarros de agua me llamó la atención un detalle en el espejo rotoy le saque una foto. Producto del flash que iluminó todo el espacio juré ver a la vieja junto a los gatos dentro de la casa. Pero deje al descubierto sus hazañas en la cocina. Una olla llena de fetos y tarros con sangre, obvio, de gato. En otra olla estaba Celofán y Michi, cocinados, en pedazos, listo para servir.

Los gatos se asustaron y empezaron a correr en todas direcciones cuando se escucho un ruido desde el altillo, una risa que venía bajando.

Yo me fui tranquilo y cerré con llave, después decidiría si me quedaba con la casa o no. Deje la cámara arriba de la cocina, total volveria por ella otro dia. Señorita Clarivel no había muerto, yo me había preocupado por nuestro pacto. Quien seguiría adelante el clan? Así que al escucharla me relajé y ya no tenía nada que hacer. Años más tarde murió de Alzheimer y finalizamos con su muerte un ritual de muchos años, que ella se llevó a la muerte un 50% del trato. El otro 50 me corresponde. Nomas me fui, solo me lleve la foto, que poco a poco fue revelando la imagen de la vieja con los gatos.

 

La mujer tentáculo.

 

La mujer tentáculo.

Todas las clases, la misma historia.

    - BUENOS DIAS ALUMNOS!

Parados ante el banco. Así arrancábamos la semana, con terror.  

    Nadie quería a esa mujer, era mala. Convertía nuestras dos primeras horas de los lunes en una dictadura en donde sobrevivía el más chupamedias.

    La profesora tenía la manía de entrar, saludar, e inmediatamente hablarnos de la confección de su calzado, que ella misma diseñaba.

    Esa mañana, tanto ella como yo teníamos un día cruzado. Yo venía enojado con Ricardo; el me pasaba a buscar todas las mañanas por casa para ir a la escuela y ese día habíamos discutido por una pequeñez en el camino.

    - ¡Miren el calzado de hoy chicos! Les gusta? Lo hice yo!-    Sentíase toda orgullosa con su creación.

    - les gusta chicos?  Insistió levantando un poco esa clase de pollera colorinche que vestía mientras hacia un movimiento de pasarela con el tobillo.

    Esa profesora me odiaba. Nunca lo supe a ciencia cierta pero le denotaba en el ojo semi-bizco cada vez que me miraba.

    Siempre había un chupamedia que alagaba sus calzados. Por ejemplo Rodrigo.

   - si profe, están muy originales! ¡Cuánta vocación!

   - no, que chupamedias!    Le dije entrecortado en voz baja. Nos sentábamos juntos, yo del lado de la puerta.

   - cállate!   Me dijo en silencio, torciendo la boca.

   - bueno, muchas gracias alumno me hace sentir alagada… ¡que caballero!. Cada vez se agrandaba más.

   - ¡son horrendas!... es para quedar bien.-  Siguió en voz baja para que lo le viera la profesora quien dio el hincapié perfecto que mi perdición:

  - aunque debo decir que este modelito me queda un poco chico, me aprieta un poco, se habrá achicado, juumm, no sé.

    No obstante al retirarse hacia su escritorio se me cruzo pensar en una maldad y largue la carcajada al aire libre. -también, con terrible tentáculo...! Susurré. Rodrigo largo la carcajada inmediatamente al igual que todo el curso.

- ¿como dijo alumno?, repítamelo inmediatamente!  A esto venia apuntándome con el dedo a los gritos y enojadísima desde el escritorio mientras ponía el broche de oro al momento en el que se enredaba entre la pollera colorinche y se le rompía la tirita de su calzado izquierdo.  

    Así como en nuestro salón teníamos al chupamedias también teníamos al revoltoso y maleducado que no temió a gritar:

- corran todos, le está creciendo otro tentáculo! Todo el curso enloqueció a carcajadas.

- ustedes dos. A dirección yaa! Nos decía amenazándonos con una sandalia en la mano mientras se paraba del suelo luego de la enredada de pollera y posterior revuelco.

    He ahí los dos esperando turno para ver a la directora.

    Cuando volvíamos a casa después de las 12, la muy rencorosa pasó con el auto y con toda educación paro al lado nuestro. Nosotros nos horrorizamos, en especial yo. Bajó el vidrio. Estaba fumando. Llevaba puesto anteojos de sol. Largó el humo afuera del coche, hacia nosotros. Tomó sus sandalias de arriba del asiento del acompañante y las tiro por la ventanilla deslizándole por las tiras. Fumó otra pitada y largo el humo al momento: - las quiero arregladas. <Otra pitada>.  Para mañana.-  Largó el humo a Rodrigo. Nos miramos, cerró la ventanilla y se fue.  Anudamos las sandalias y si mal no recuerdo aun están colgadas del cable de alta tensión.

 Después de eso en ocasiones me provocaba en los recreos mostrándome los calzados. A lo que obligadamente respondía con el involuntario levantamiento de mi pulgar derecho por más que mi expresión facial no complementase con la noción.

 Desde ese día he tenido información de contactos cercanos que la mujer pulpo viene atormentando a sus alumnos con las mismas preguntas; pero me siento honrado que después de tantos años nadie de nadie recibió la misma respuesta.

Filofobia

 

 

Filofobia

-mirando el mar es como se me pasaron estos

últimos años. años en busca de alguien a quien amar.

siempre pendiente de esa suerte de enamoramiento que tardó

en llegar y no obstante marcharse con la misma velocidad

con que las olas frente a mí llegaban y se alejaban, como

intentando decirme algo. prometiéndome volver. pero me

engañaban, nunca volvían, nunca. y yo allí esperando. a

veces una lágrima me hacía compañía mientras me recorría

las mejillas forjando un surco salado y áspero como la

arena en la que solía sentarme a descansar mis pies que

deseaban ser besados por el mar. ese día me costó mucho

tomar una decisión. recién comenzaba a salir el sol,

marcando una delgada línea en el horizonte, separando el

cielo del mar, cuando mis pies dejaban una estela de

pisadas en la arena, que se iban borrando con pequeños

oleajes: la espuma blanca tapizaba una línea de

incertidumbre. yo estaba borrando mi pasado al caminar

mientras me abría paso a un presente distinto que duraría

tanto como tardase en dar el próximo paso. no me podría

convencer aún: pero así nace esta historia, justo allí en

donde van a morir las olas del mar

 


 

Egregor.

 

Egregor.

 

Yo fui, yo soy y yo seré.

El egregor que emana de tus delirios.

La fuerza abstracta con la que sueñas;

que te abraza al dormir.

La sombra que Morfeo no vio escapar.

 

Te intuyo cerca;

Cuando el tiempo sea uno: aquí y ahora,

y te seduzca con la sed del pecado.

 

Tienes, tendrás y tuviste mi presencia

tatuada en la piel, inmersa en el alma,

dispersa en el espacio infinito; te siento.

Soy lo que sientes, soy lo que serás

Soy quien da y quien te quita,

soy pequeño, inmenso...

Un fragmento de lo que haces.

 

Te desentiendo en el alba, en el vértice.

Y vuelvo a verte cuando sonríes.

 

Soy colector de tus pasos, se todo de ti,

recorro tu cuerpo sutil acariciándote

en tu pasado, presente y futuro:

Eres testigo omnisciente.

 

Puedo dejarte y tomarte cuando quiera,

cuando más lo necesiten los astros.

Fuimos creando el uno al otro.

Fuimos partículas en el multiverso,

opuestos. Nos complementamos, y no.

 

Soy la velocidad de tus suspiros.

Soy la distancia entre los dos.

Somos la sombra de la luz que fuimos.

Seremos la luz al cruzar el umbral.

El grito de la Lambertiana

 

El grito de la Lambertiana

 

 Ese día lo recuerdo como pocos otros. El viento acrecentaba poco a poco para temor del silencio. Mucho ruido y hojas cubrían las calles del barrio. La tarde empezaba a marcar  ritmo y la tormenta ya estaba allí.

 

Y yo recuerdo latente el grito de la lambertiana. Yo la oí llorar.

 

Lentamente, la lluvia empapaba las plantas; Ellas lo sabían. Ya olían el destino. Se sentía en el aire un angustiante y seco palpitar.

 

La vi más tarde, muchos años después. Tuvimos la posibilidad de despedirnos, yo no la conocía pero sabía de Ella.  Al fin y al cabo nací años después de la tragedia y solo tengo una especie de recuerdos prenatales antes siquiera de ser concebido. Recuerdos implantados con una experiencia vívida de los hechos.

 

Ocurre que siempre la vi. Porque ahí entendí que yo podía, que yo era uno de ellos. Que podía escuchar el grito de la lambertiana.

 

Le ofrecí Luz y tuve miedo, pero le ofrecí como pude un poco de paz.

 

Sentí un escalofrío aturdidor de pies a cabeza y sentí amor, placer, calma.

 

Y nunca más la volví a ver.

3. El Recepcionista. La Cena

 

3. El Recepcionista. La Cena

 

La carne podrida ya estaba servida y los muertos uno a uno se sentaron a comer. Los primeros en llegar devoraron lo que en vida no tuvieron: un poco de nalga, un poco de pechos, algunos degustaron el falo que tanto hubieran deseado y otros se conformaron con solo mirar la orgía post-mortem.  El plato principal estaba hecho de tangibilidad pura.

La cena había sido planeada por el mismo dueño del inframundo. Cocinar almas era su pasión y verlas ser comidas; su morbo principal.

Los próximos a sentarse en la mesa respetaron la tardía espera de los primeros comensales y solo buscaron conformarse con lo etéreo que lograron encontrar, pues... Ya no había mucho para comer.

Encontraron sin embargo, una posibilidad de ir más allá de la carne: ir a las memorias que guarda el cuerpo aún en descomposición. algunos optaron por comer recuerdos y otros por succionar experiencias y conocimientos.

 La tercera cita con el chef aguardaba una deliciosa partida de huesos braseados, prácticamente sin tejidos deleitables. Ya no había nada de que pudieran alimentarse y esto molestó a los terceros, a esos que en realidad no le correspondía comer porque no eran parte del afelio.

La guerra mortuoria ocurrió justo antes del postre. Los terceros comensales, hambrientos, atacaron a los primeros comensales quienes ya habían disfrutado el primer momento del banquete: cena que era de su total correspondencia.  Los segundos, en cambio, se hicieron a un lado dado que habían decidido alimentarse de lo que el cuerpo dice y no abulta, y esto jamás podría llenar a un tercero.

El postre llegó cuando el apetito de los terceros comensales ya había sido saciado. Era el momento perfecto para que los segundos comensales disfrutarán de algo sólido. Al fin y al cabo, resultó ser la cena para todos y el postre para unos pocos.

Los terceros, al no poder controlar la avaricia de no tener espacio para el postre, comenzaron a podrirse por dentro y sirvieron de alimento para la próxima ronda de comensales. Los segundos comensales agradecieron al chef y se retiraron sin más.